La apicultura en Argentina no es un tema menor. Un crecimiento de casi el 20% en los últimos años y cifras de producción que marcan records históricos hablan de un cambio notable en la dinámica del sector. Actualmente, Argentina es el primer exportador, impulsado por la expansión de la demanda mundial de miel. El 90% del producto argentino se exporta a granel, con destino a la Unión Europea y a los Estados Unidos y por su excelente calidad y características organolépticas le permiten entrar en los mercados más exigentes. La C.N.E.A. cuenta con colmenas propias que multiplica, relocaliza y mantiene para llevar adelante las tareas de investigación entre las que pueden citarse como principales las siguientes: -Monitoreo del medioambiente utilizando a la abeja melífera como indicador de contaminación radiactiva e industrial. -Irradiación de materiales apícolas como método de profilaxis para el control de enfermedades bacterianas y parasitarias. -Estudios de irradiación de mieles, cera y polen con rayos gamma de cobalto-60. Biomonitoreo ambiental Por ser un indicador biológico clase I –del tipo de ambiente presente (composición florística)-, clase II –de las alteraciones del medioambiente (agroquímicos)- y clase III -capacidad de acumular y concentrar compuestos químicos (radiactividad, metales pesados)-, las abejas pueden pensarse como muestreadores móviles. Durante sus vuelos de exploración recorren una vasta área recolectando polen, néctar, agua y resinas vegetales que llevan a una ubicación central -la colmena- donde elaborarán sus productos (miel, cera, propóleo y jalea real). El uso de pesticidas y herbicidas, la contaminación acuífera generada por determinadas industrias, la presencia de minerales en la corteza terrestre y la contaminación radiactiva producto de pruebas nucleares, accidentes o por proximidad a instalaciones nucleares se reflejan en la miel, en las propias abejas y en el resto de sus productos. Con la ayuda de técnicas nucleares como la espectrometría alfa, beta y gamma y el análisis por activación neutrónica instrumental, irradiando en el reactor RA-3 -Centro Atómico Ezeiza-, se han desarrollado procedimientos de muestreo y análisis que permiten evaluar la presencia de materiales contaminantes en una zona dada. En cuanto al ámbito apícola se refiere, el interés se centra en la verificación tanto del cumplimiento de las normas de Buenas Prácticas de Manufactura como de la proximidad del establecimiento apícola a zonas industriales contaminadas o instalaciones nucleares. La presencia de cinc en la miel es indicadora de un mal manipuleo, por parte de los apicultores, de la miel producida. Del mismo modo, la presencia de metales pesados como el plomo y el arsénico y otros en niveles superiores a los permitidos alerta sobre el riesgo de enfermedades toxicológicas que pueden contraer los consumidores de esas mieles por ingestión frecuente. Los límites permitidos para metales presentes en miel han sido establecidos internacionalmente por el CODEX ALIMENTARIUS FAO/OMS.
Con una producción cercana a las 80.000 toneladas y siendo el principal exportador de miel de primera calidad, el factor sanitario incide directa o indirectamente en la rentabilidad de la producción apícola. El control de las enfermedades se efectúa generalmente con sustancias químicas (antibióticos, acaricidas), con el consiguiente riesgo de contaminar los productos de la colmena. Los apicultores mal informados suponen que los resultados curativos son más eficaces cuanto mayores y más prolongados sean los tratamientos. El resultado es la acumulación de los principios activos en la miel y en la cera, lo que implica riesgos para el consumidor y limitaciones para la comercialización, y la aparición de generaciones de agentes causales genéticamente resistentes. En el caso de la lucha contra la varroasis, enfermedad provocada por el agente Varroa Jacobsoni Oud. -ácaro parasitoide que ataca a las colmenas conduciéndolas a la muerte- es muy frecuente el problema del exceso de acaricida empleado por los apicultores en el control de dicha patología. Este es el punto de partida del estudio de la degradación de dichos piretroides en productos biológicamente no tóxicos irradiando ceras contaminadas con radiación gamma de cobalto-60. A través del sector Apicultura la CNEA brinda el servicio de irradiación, también con rayos gamma, de material apícola, polen y cera, en la Planta de Irradiación Semi-Industrial (PISI), ubicada también dentro del predio del Centro Atómico Ezeiza. De esta manera, y según lo avalan los arts. 159 y 174 del Código Alimentario Argentino (capítulo III – de los productos alimenticios), se somete al material a la acción de la radiación ionizante para inactivar las esporas de Loque Americana o para esterilizarlo, ante la presencia de microorganismos patógenos en general y de agentes causales en particular como los de Loque y Cría Yesificada. Éstas enfermedades representan un gravísimo problema pues no sólo generan barreras sanitarias nacionales e internacionales sino también acaban muchas veces con la muerte de la colmena. El control integrado de las enfermedades, o sea, el conjunto de técnicas complementarias para evitar el uso excesivo de principios activos, representa, hoy en día, un programa a escala nacional e internacional fundamental para el sector apícola y que incluye, como queda demostrado, la aplicación de tecnología nuclear en el mismo. |
|||||||